Educación que transforma vidas
Empezó siendo una opción para estudiantes que no encontraban su espacio en la escuela tradicional, de ahí que se le conozca como educación alternativa. En el camino, familias y escuelas han descubierto que el proceso educativo puede rebasar las metas académicas y desembocar en transformación personal y comunitaria.
Hoy, la Alianza para la Educación Alternativa y sus miembros promueven los valores de una educación democrática, centrada en las necesidades del estudiante y su comunidad. Su sueño es que algún día esta filosofía —que en otros países se conoce como educación democrática— deje de ser alternativa y se convierta en uno de los pilares del sistema educativo puertorriqueño público y privado.
La Alianza reúne a los proyectos Nacer, Nuestra Escuela, PECES, Aspira y Centros Sor Isolina Ferré, que en conjunto manejan 13 centros educativos. Varios miembros comparten con Trazos sus luchas y logros respecto a ese sueño.
¿Qué es educación alternativa?
El modelo de la educación alternativa parte de la premisa de que todas las facetas de nuestra vida están conectadas. Las situaciones de pobreza, de violencia o de marginación impactan el proceso de aprendizaje: Un estudiante que vio el arresto de su padre a las tres de la madrugada, no estará listo para aprender a las ocho de la mañana. Una educación más eficaz, entonces, es la que reconoce esa realidad, la atiende y ofrece un sistema de apoyo al estudiante para manejarla.
Según el director de PECES, José Javier Oquendo, este modelo educativo pretende trascender el concepto de escuela. “Busca transformar al joven; educar es solo una parte de esa transformación. Lo ideal es que el joven explore su realidad para cambiarla. No es que nosotros vamos a cambiarlo. El énfasis es en la dignidad del joven”, explica.
Melissa Mattei, directora del programa educativo del Centro Sor Isolina en Caimito, elabora: “Estos jóvenes están fuera de la escuela; la escuela los abandonó. Llegan a nosotros buscando un diploma de cuarto año. Pero el diploma es la excusa, el gancho para que cambien sus vidas. Nosotros nos centramos en el aprendiz; y cada aprendiz es diferente y nos esforzamos por conocerlo para ayudarlo”.
Para lograrlo, explica el profesor Domingo Dávila, de Nuestra Escuela, “la educación alternativa se enfoca en cada estudiante y su necesidad urgente. El estudiante llega con heridas que crean lagunas educativas”. Atender las heridas emocionales, detalla, facilita y acelera el aprendizaje.
La diferencia es la atención psicológica, añade Eunice Báez, del proyecto Nacer, que trabaja con jóvenes embarazadas. “Antes de llegar al salón, la participante ha pasado por un plan individual, por un proceso. Así el maestro tiene herramientas para trabajar lo que surja en el salón”.
Una de las características de muchos programas alternativos es su brevedad. Son más cortos que un programa regular de escuela superior, dado que muchos de sus participantes son jóvenes trabajadores, madres adolescentes y otros que dedicaron años a la escuela, sin éxito. Esto no significa que el contenido sea de peor calidad, subrayan los entrevistados
“El Consejo General de Educación nos evalúa como a escuelas privadas y tenemos que cumplir con los requisitos”, detalla Mattei. Mientras que Oquendo especifica: “Tenemos el mismo currículo que el Departamento de Educación, con 21 créditos requeridos. La diferencia es que las dinámicas personales y de grupo, y el ambiente, generan el apego del joven a su educación. Se dedican para terminar sus estudios. El joven define el tiempo que necesita para su plan de vida. El modelo está validado con la Universidad de Puerto Rico, a donde han ingresado nuestros estudiantes”.
En la medida que el estudiante logra su meta, se convierte en herramienta de cambio para las familias y las comunidades, añade Serlyd Díaz, trabajadora social de la Escuela Alternativa de ASPIRA. “Es interesante que una vez entra el estudiante, atrae a toda la familia”.
“Cubrimos todo lo del Departamento de Educación, y más”, abunda Justo Méndez, de Nuestra Escuela. Méndez hace la aclaración de que no todos los programas de cursos acelerados son educación alternativa. La clave, destaca, está en la atención a los componentes emocionales y sociales del proceso educativo, así como la participación de la comunidad en el proyecto.
Otra diferencia, añade Méndez, es el compromiso de los miembros de la Alianza con los estudiantes más necesitados. Curiosamente, su éxito ha llamado la atención de estudiantes talentosos insatisfechos con el sistema tradicional, y ya está generando listas de espera en los centros educativos de Nuestra Escuela, cuyos grupos tienen un tope de 15 a 17 estudiantes. “Hay otros modelos, con fines de lucro, que aceptan a los estudiantes con más probabilidades de éxito. Nosotros deliberadamente buscamos al más difícil de atender. En Nuestra Escuela atendemos los referidos por el Departamento de Educación como estudiantes en riesgo, así como a los que ubican los Departamentos de la Familia y de Justicia. Además, nosotros matriculamos familias. Si nuestros estudiante tiene hermanos, les garantizamos un espacio”, dice Méndez.
Cabe preguntar cómo es la relación entre este modelo y el sistema educativo del País —incluyendo escuelas públicas y privadas. Méndez la describe como una relación en evolución. En efecto, estos centros resuelven un problema que se escapa de las manos del Departamento de Educación, pero en un principio no se les validaba la oferta académica ni la aportación social de los mismos. Pero ya la relación se va ampliando a una de aliados. Incluso, comenta Méndez, se está trabajando un proyecto de ley que reconozca oficialmente la educación alternativa como una opción, con acceso a fondos y con los estándares más altos.
“La meta no es abandonar el sistema tradicional por obsoleto, sino insertar en él conceptos y prácticas básicas de una educación democrática y transformadora, para renovarlo. No es una educación para gente con problemas, el objetivo deber ser usar nuestro modelo en todo el sistema. Pero tampoco es sustituir al Departamento de Educación. Si la educación pública fuera excelente, las comunidades tendríamos más tiempo y recursos para dedicarnos a otras cosas, porque hay muchas necesidades que atender”, aclara Méndez.
¿Qué hace la Alianza?
Lourdes Aponte, presidenta de la Alianza dice que unirse ha sido un gran paso para estas organizaciones. “Aliarse crea un efecto mayor, amplía nuestro alcance, y nos presenta como un modelo de solidaridad en el sector”, sostiene.
Para José Javier Oquendo de PECES, la Alianza “crea un grupo mucho mayor en términos del efecto que de la metodología y el conocimiento que se acumula cuando las organizaciones trabajan en conjunto. Aspiramos a que nos vean como un modelo para Puerto Rico”. Se refiere no solo a los 18 años de trabajo educativo de PECES, o los 10 años de Nuestra Escuela, sino a las décadas acumuladas de trabajo comunitario de éstas y otras organizaciones, que de una manera u otra incide en el proceso educativo. Cada organización tiene su misión y su estilo, que se enriquecen al compartir experiencias y metodologías, coinciden los entrevistados.
Por otra parte, la Alianza facilita la identificación de fondos para los proyectos educativos. Igualmente promueve actividades para capacitar a los maestros, trabajadores sociales y otros profesionales que trabajan con los estudiantes. De hecho, en marzo del 2012 la Alianza y Puerto Rico serán anfitriones de la Vigésima Conferencia Internacional de Educación Democrática, con lo que esperan dar a conocer los logros de este modelo educativo.
Tocar una vida, una familia, una comunidad
Las anécdotas son muchas. La joven problemática que al final del curso se reconcilió con el maestro. El joven que daban por perdido, decidido a tomar el examen de ingreso a la universidad, muerto a balazos. El dueño de un punto que volvió a su centro de estudios porque sus compañeros lo apoyaron tras ser baleado. Una tras otra, son historias personales, únicas, de éxitos que trascienden lo académico. De eso se trata.
Creer en los que nadie cree. Alentar a los que parecen no tener remedio. Creer en el que va rumbo al fracaso. Para los miembros de la Alianza, en las circunstancias que vive Puerto Rico hoy, este modelo educativo ya no es opcional. Su sueño, que algún día deje de ser alternativo para convertirse en imperativo.
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